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Aquí hay sexo: El club de los masturbadores

diego Arguedas
Las primeras lecciones de anatomía humana que tuvimos en sexto grado parecían más una mala comedia americana que un curso de sexualidad.

La profesora explicaba: “Chicos, esto es el escroto” y la mitad de la clase, imberbes y bien brutos, se descabezaba de risa.En todo ese tiempo la buena señora no encontró lugar para explicarnos un poquito más de ese paraíso perdido -casi como el mítico El Dorado- que le llaman Punto G. Nos tocó ir solitos a buscarlo. Pero no todo puede ser tan fácil, ¿verdad?

Hagamos un club 
Lo que nunca nos dijeron es: “Chicos, el sexo se disfruta y se debe disfrutar. Sus cuerpos son un carnaval; explórenlo”. Y claro, nadie puso sobre la mesa la masturbación ni abrían por las tardes sesiones extra clase para los interesados.    Mucho hubiese aprendido sobre mi cuerpo durante la adolescencia si mi profesora de ciencia hubiese hablado menos de anatomía (señora, yo puedo ver cómo es una vagina en Internet, las últimas cinco repeticiones sobraron) y dedicado más lecciones a auto-exploración.

Me hubiese gustado haber tenido una tarea que atacara con gusto. O tal vez un club extraclase.  Mi colega Kuber, que felizmente escandaliza desde su blog al subcontinente indio cada semana, dijo en una ocasión que hay dos tipos de personas: quienes dicen que se masturban y quienes mienten. A mí en el catecismo me enseñaron a no mentir nunca, entonces ya envié la aplicación al primer grupo.   Estaba investigando para esta columna y encontré algo así como: si tu mano te hace pecar, córtatela. Disculpe, señor, ¿eso también aplica a mi pene? ¿Ven lo que les digo?  

¿Qué ganamos?  
¿Para qué sirve masturbarse? Sexólogos, psicólogos o médicos -que, lo admito, saben más que yo del tema- le podrán dar muchas razones, pero yo les ofrezco dos. Placer y placer.   Placer, primero, a cort(ísim)o plazo. Si tengo que entrar a más detalles, tal vez haya tres grupos.   Y claro, placer a largo plazo. ¿Cómo así? Pues muy fácil: una persona que aprendió los límites y truquitos de su cuerpo sabrá cuando la pasa bien y cuando la pasa mal con otra persona.

Si una chica sabe lo que es bueno, le podrá decir con toda autoridad a cualquier despistado: no, hombre, se hace así. Lo mismo al revés. Las parejas del mismo sexo salen con media pista de ventaja en estas.   Ok, acepto que hubiese sido una mala idea poner a treinta traviesos de doce años a practicar en clase, pero tomarse una lección para hablar el tema no hubiese dejado lesiones irreparables. ¿Qué tal si convertimos el examen de anatomía humana en un proyecto individual a lo largo del año?   “Nos vemos el próximo jueves con sus reportes”.

Por Diego Arguedas