apto para 18+

Aquí hay sexo: Mi amigo es gay

Diego Arguedas
Todas las películas de Hollywood nos enseñan el lugar común: las chicas quieren un amigo homosexual. Por qué pasa esto escapa a mi entendimiento, pero hay otro tema que me desvela: ¿pueden un gay y un hetero ser amigos?

La Universidad me invitó a hacer el intento: llegué sin conocidos al primer año de mi carrera y en las primeras semanas, como todos, fuimos armando un grupo de amigos con las técnicas de siempre: hablar de fútbol, mujeres y videojuegos.

A mitad del primer año de Universidad, cuando ya estábamos acomodados, una amiga me dijo que Javier era gay. Yo al principio no le creí (mi gaydar, ese instrumento mágico que a algunos les ayuda a distinguir homosexuales, nunca ha sido muy preciso). Javier pintaba a ser un excelente wingman de fiestas, como dirían las películas gringas.

A los días lo acepté. Javier es gay. No me costó por homofóbico me fue difícil porque creí perder mi camarada de fiesta.

¿Podemos vivir con ellos?
Las mejores conversaciones de fútbol las tengo con un colega periodista deportivo que, coincidentemente, es homosexual. Otro amigo gay siempre me gana cuando jugamos videojuegos y mis amigos del-otro-equipo generalmente dan buenos consejos de qué hacer con las chicas.

No que solo pueda hablar de cosas de “machos” con mis amigos gays. En alguna conversación donde estábamos tanto hombres como mujeres salió de pronto el tema del sexo anal. Y bueno, realmente la idea de ser penetrado en el ano no es lo mío, pero hablamos un rato del tema.

Aparte de eso, toman cerveza como cualquier otra persona, pueden sentarse a discutir tanto un libro de García Márquez como una telenovela mexicana y de hecho, una de las cosas más divertidas que se puede hacer es ver Miss Universo con un gay.

Entonces, aparte de ese detallito de preferir un pene o una vagina, un amigo homosexual no se diferencia en nada de un amigo heterosexual.

Pero, ¿por qué esto es un descubrimiento y no algo elemental?

¿Soy homófobo?
La teoría fácil es que soy un homófobo enclosetado. Es un hecho que mi formación católica me ha puesto - a mí y a muchas personas en América Latina- una carga pesadísima e incluso recuerdo ser cerrado con ciertos temas, pero he cambiado. Se puede ser abierto a las ideas. Me redimí.

Sentirlo como un descubrimiento tiene que ver con el contacto y la visibilización: en la escuela y colegio nunca se debatió la homosexualidad abiertamente, tampoco en mi familia. Fue hasta mi primer año de universidad que tuve amigos gays y que empecé a estudiar, hablar y salir de fiesta con ellos. Desde el primer momento me di cuenta que, esencialmente, no había ninguna diferencia entre ellos y mis amigos heterosexuales.

No creo que el grueso de la sociedad sea esencialmente homófoba: creo que le tienen miedo a algo que no conocen. Y no lo conocen porque las instituciones -gobierno, escuela, iglesia, familia- no han creado espacios para que estas personas “salgan del closet” antes.

¿Por qué más gente se declara abiertamente homosexual en la Universidad que en otras etapas de la vida? ¿Es porque la U los hace gays? No, es porque hay espacios para que estas personas tengan paz con su preferencia sexual sin ser perseguidos por eso. De paso, también nos dan a personas como yo la oportunidad de vivir con ellos, de aprender que no hay ninguna diferencia elemental.

No creo que mi gaydar defectuoso sea motivo de verguenza, porque tal vez mejor así. Es más sano si no puedo distinguir si alguien es homosexual o no; la verdad, no es algo necesario.

Lo cierto del caso es que durante la universidad siguieron las noches de tragos. Al año siguiente, mientras bailaba con una chica en una fiesta, encontré a Javier besando a otro tipo en la pista de baile. Bueno, no fue como lo planeaba, pero al final sí logramos irnos juntos a conseguir pareja.

Por Diego Arguedas