apto para 18+

Aquí hay sexo: Patear bolas también es de 'maricas'

Diego
El pasado 1ro. de junio de 2012 ocho equipos de todo el mundo saltaron a las canchas del Deportivo Vivanco, en el Distrito Federal de México, para dar inicio a la 26° edición del Campeonato Mundial de Futbol Gay.

Por segunda vez desde su fundación en 1982, un país de América Latina ofrecía un espacio seguro, inclusivo y competitivo para que homosexuales practicasen el deporte más hermoso del mundo. Qué bueno, ¿verdad? Pues no. 

Ser gay y hacer deporte a nivel profesional no es fácil. Por eso es positivo que eventos como el Mundial de Fútbol Gay muestren que ser un deportista de alto nivel y tener una atracción por personas del mismo sexo no es incompatible. No obstante, hay algo que me enoja y es que tengan que ser necesarios estos espacios porque no hay cabida para homosexuales en los torneos regulares. ¿Qué acaso un gay está genéticamente incapacitado para patear una bola?

Calidad gay

En las Olimpiadas de Londres 2012 participaron (solo) 23 atletas homosexuales, entre ellos el australiano Matthew Mitcham, quien logró el primer clavado perfecto en una cita olímpica. De ese grupo, 10 llegaron a casa con medallas. Entonces ahí queda, sepultado en kilos de oro, plata y bronce, la neandertálica idea de que los homosexuales no están hechos para competir físicamente.

Similar idea intentaron vendernos con las mujeres (“Ay, mijita, cuidado se lastima, vea que las pesas son muy, muy pesadas”) o con los negros (“No, no es capricho mío, los bates de béisbol no están hechos para sus manos...”). Hasta donde sabemos, “los maricas” que patean bolas pueden reventarnos 20-0 a cualquier equipo heterosexual.

Pero pasa que ligar deporte y homosexualidad choca con la idea clásica de que los deportes competitivos son cosas “de machos”. Supongo que lo mismo pasa en el Ejército: esto es zona de mucha hombría muchachos, no vayan a salir salpicados de testosterona si se acercan mucho.

Cambio de ruta
Los militares y dirigentes deportivos que se oponen a la participación de los homosexuales -porque no son todos, eh- argumentan que su ingreso cambiará totalmente la dinámica del sistema. Pues claro. Tal como la sociedad ha debido cambiar y entender que dos mujeres besándose no significa pornografía o sacrilegio, los deportes pueden evolucionar. No caería mal.

Pero los dirigentes dicen no y no y no. Los aterroriza el cambio. Como dicen en Costa Rica, si tiene miedo compre perro.

Y lo peor, el rechazo está institucionalizado. 

Basta ver las partidas de básquetbol callejeras, los entrenamientos de tenis, las sesiones de ciclismo de ruta donde siempre está a mano tildar a los más malos de 'maricas'. Lo sé porque lo he visto y lo he hecho, aunque no me sienta orgulloso de eso. Pero dicen que aceptarlo es el primer paso.

Hablarlo
Como muchos temas de los que hablamos en esta página, falta poner sobre la mesa el tema de los homosexuales y deporte. Hay buenos ejemplos: la Liga de Hockey Norteamericana publicó una campaña apoyando a deportistas LGTB con el lema “Si puedes jugar, puedes jugar” y el entrenador del equipo de fútbol americano 49ers de San Francisco, Jim Harbaugh, quien disputará el Super Bowl el domingo, dijo que no tendría problema si alguno de sus jugadores se declarase gay.

Mientras tanto, el zar de la FIFA, Joseph Blatter, se dejó decir en 2010 que los aficionados gays deberían abstenerse de tener sexo en Qatar 2022 al ser este un país que prohíbe la homosexualidad.

¿En qué quedamos? Nos toca a nosotros, los que sudamos en el sillón o en el estadio cada domingo decirles a los dirigentes deportivos qué pensamos al respecto, para al menos generar un debate.  

Yo no sé ustedes pero a mí realmente me importa poco si los jugadores de la selección nacional son homosexuales, protestantes o vegetarianos. Yo solo quiero que traigan a casa la Copa del Mundo.