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En el Punto G: Cómo superar una ruptura

gabriela
Perdona, ¿te importaría quitarme el puñal que me has clavado en el corazón? Gracias... Sí, las rupturas son por lo general muy dolorosas.    

Cuando rompemos a cada uno le da por una cosa distinta: romper fotos de las ex parejas, festear más e incontroladamente, ver películas románticas y llorar, comprar ropa. Personalmente la ruptura más traumática que he tenido me dio un sueño terrible.  Dormí, dormí y dormí,  hasta que se me pasó.  ¡Y a otra cosa mariposa!

Rupturas y rupturas

Las relaciones son tan diferentes como las hojas de los árboles, sin embargo, en mi opinión sólo hay dos tipos de rupturas: la de “encantada de habernos conocido” y la de la muerte agónica en una esquina con respiración asistida y transfusión de sangre.

Me quiero concentrar en este último caso que implica un cambio terrible en nuestra vida: los domingos por la tarde, los planes de verano, o expectativas mayores como las bodas o toda una vida viendo atardeceres. Sí, todos esos sueños se ponen en fila y comienzan a caminar hacia el baño para tirarse por el inodoro. ¿Y ahora con qué lleno mi cabeza? Vértigo... ¿y si no hay agua ahí abajo?

Una vez analizado el daño directo, y lo que significa para nuestra vida inmediata cotidiana, ese vértigo nos lleva a buscar las razones por las que nuestra relación no funcionó y no las encontramos por más fondo que toquemos.

Porque, seamos claros, hay relaciones que llegado un momento ya no funcionan y a muchas personas les da miedo dar el gran paso. Las principales razones: ¿y si no encuentro a alguien mejor? ¿Y si cambia como prometió? ¿Y si es verdad que fue sólo sexo y no me quiere? ¿Y si me quedo sola toda mi vida? 

Romper una relación, insisto, es como tirarse del tercer trampolín de una piscina. ¿Estás listo para el salto?

Cómo romper

Llegados a éste punto respira hondo, cierra los ojos y da el paso. Un pensamiento no muy reconfortante que siempre ayuda es: no puedo estar peor. Del dolor no te salva nadie pero, personalmente prefiero un dolor intenso durante unas semanas a un desmembramiento lento y postergado. Hemos roto y ya, tú sigue con tu vida y yo me voy a sentar en este rinconcito oscuro a llorar un momento.

Porque para mí no hay peor ruptura que esas que más bien parecen una enfermedad degenerativa. En las que las parejas no dejan de verse y hablar, y volvemos, y te extraño.... e intentamos entender qué nos ha pasado, por qué ya no me quiere, qué he hecho mal, ¿será él un imbécil? Y masticamos el chicle, hasta que empieza a saber a plástico.

Cuando le preguntaba a mis amigas por qué se sometían a tal tortura de verse continuamente con una persona que les había roto el corazón, todas me decían lo mismo: porque quiero saber. En mi opinión obsesionarnos por los motivos por los que no funcionó es una tremenda pérdida de tiempo que no te aclara nada y lo que hace es engancharte a una relación que tendrías que estar superando. ¡Concéntrate!

Otro gran problema de esto es que existe por ahí una idea generalizada – que no sé quién fue el gracioso que la hizo circular - de que podemos ser amigos de nuestros ex. No, o por lo menos no inmediatamente después de romper, en veinte años veremos. “Es que es una persona importante en tu vida, ¿cómo la puedes sacar del todo de tu vida?” Ehhh, pues rompiendo, para eso se llama romper...

Lo que sí es terrible es cuando no la ves venir y tú vas caminando por tu relación como por una playa al atardecer y la ruptura te pega en toda la cara. Ahí sí, muerde algo, y aguanta.

Nuestro amigo el tiempo

Como casi todas las situaciones dolorosas por las que pasamos en la vida, una ruptura puede ser un momento de reflexión estupendo sobre qué quiero en una relación y en una persona; pero, sobre todo, una oportunidad para empezar a pasar tiempo a solas. Pasamos de ser un 0.5 a un 1 y ahora podemos leer ese libro para el que no tenía tiempo o la película que él no quería ver (¿por qué no quería ese retrasado no ver esta película tan buena?).

Pasado un tiempo comienzas a ver las ventajas de haber roto con ese imbécil que en realidad no me valoraba y en unos meses se arrepentirá de haber dejado escapar un caramelito como yo. Vamos por buen camino, el punto de dolor insoportable ya ha pasado. Ahora sólo te queda volver a encontrártelo y comportarte con dignidad.

Y sí, hay agua. Siempre hay agua. 

Gabriela