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En el punto G: Mi amigo está enamorado de mí

Gabriela
Es una situación por la que pasan - más o menos - todas las mujeres. Tienes un amigo con el que te llevas muy bien, le cuentas tus problemas, e, incluso, si te gusta alguien y de pronto un día: BoooOOOOMBA. Romeo se declara y se cae del balcón estrellándose contra el suelo.

El mío fue muy cruel. Se me sinceró en la biblioteca con un cartel de silencio absoluto y varios compañeros estudiando para el examen del día siguiente. Lo que ocurrió seguidamente fue el susurro de un rechazo anunciado y la sangre llegó – silenciosamente -  hasta la sección de Geografía.

- Lo siento, pero yo no siento lo mismo que tú – es lo que se suele decir y, cruelmente añadí – Me siento muy halagada y gracias por decírmelo, pero no podría salir contigo. Tu amistad es importante para mí y no quiero estropearla – una puñalada en el estómago, lo sé, pero ¿qué esperaban?

Lo peor de todo es que no se ve venir. Seguramente alguien me habrá comentado con ojos sabidillos “a Nicolás le gustas”, y yo torcí la boca y contesté: “Naaaa, pero sí somos como hermanos…”. ¡Cómo me lo iba a imaginar!


Pero, ¿por qué no?
Si creía que con ese elegante “gracias por participar” puse punto y final al asunto, grave error. Aún me quedaban varios días de preguntarme una y otra vez: ¿por qué no me gusta él? Si es simpático, tiene buenos sentimientos, sé que le gusto y confío en él. ¿Por qué no te gusta Nicolás, pedazo de idiota?

Años más tarde pude responderme a esa pregunta: pues porque no. No puedes sentir atracción por alguien que es tu amigo como no puedes ser amigo de alguien por el que sientes atracción. Así de complicadamente simple.

Es una situación tensa como pocas. ¿Qué haces? ¿Seguir tratándolo como siempre? ¿Alejarme y que se enfríe la relación? ¿Estudiar en casa? En cualquiera de las opciones me sentía como la Bruja de Blancanieves estrujando con la mano el corazón de un cervatillo.

Quisiera o no, nos distanciamos.

La amistad no era lo mismo por donde la miraras y lo que el resto de personas veían tan claramente hace unos meses yo lo veía multiplicado por cinco ahora – “¿Qué quieres ir al cine? ¿A qué?...”. Ya no era igual.

Si tienes suerte, todo vuelve a su cauce y la amistad no se pierde o tus sentimientos también cambian y se convierte en tu futuro marido. Sin embargo, en mi experiencia y también en la de muchas de mis amigas lo que empieza es un círculo vicioso que dura años y se resume en autodestrucción, malentendidos y discordancia temporal que puede incluir debilidades de una noche con arrepentimiento matinal y celos de futuras parejas. Intentemos no caer en la friend zone.

¿Qué es la friend zone?
La llamada “friend zone” es esa zona pantanosa en la que te conviertes irrenunciablemente en amigo de la chica que te gusta. Un clásico error apoyado por la idea de que para conquistar a una chica hay que ir despacio y conocerla; lo cual es cierto, pero en mi opinión hacerse pasar por amigo para ligar es un golpe muy bajo y muy poco efectivo.

La amistad y el amor no son escalones de una escalera y es mejor dejar claras las intenciones desde el principio y evitar descalabros.

¿Se acuerdan de Mr. Diciembre? Intenté hacerle la jugada y evadir cualquier compromiso:

- Creo que mejor te añado como amigo a Facebook y nos vamos conociendo…

- Está bien, pero no te confundas, yo no quiero ser tu amigo. A mí me gustas como novia.

Y así es, señoras y señores, como se evita la friend zone. En temas de amistad y amor, he aprendido que la sinceridad es lo más productivo.

Por Gabriela