apto para 18+

En el punto G: Quién manda en la cama

Gabriela
El control sexual ya no es, afortunadamente, una cuestión de poder sino de placer; el macho encabritado ya no posee a la hembra salvajemente para hacerla suya, sino que las mujeres del s. XXI asumen la sexualidad mucho más activamente.

Es una forma de comunicación y, claro, viene con el momento y las personas – no descartemos tan rápidamente la idea del encabritado, que a veces está bien.

No son pocas las historias de mujeres que después de treinta años de matrimonio nunca disfrutaron del sexo. La lógica histórico-sexual (que tantos placeres nos ha proporcionado...) sostiene que el hombre manda en las relaciones y tener un buen amante era casi cuestión de suerte. Postura del misionero, tres empujones y si no llegaste al orgasmo mala suerte, queridita.

Las cosas ya no son así y el tema del control sexual es más una cuestión de comunicación e intercambio. Una evolución específicamente positiva para las mujeres que durante el s. XX conquistamos, entre otras cosas, el dominio de nuestro placer sexual. Digan Amén, hermanas.

Como siempre en sexo no hay nada establecido y lo que te apetece un día no tienes por qué quererlo al siguiente. No hace falta un plan semanal ni ponernos a dieta. Todo depende de tu propia personalidad y de la de tu pareja. Hay mujeres que sólo disfrutan siendo el sujeto pasivo o viceversa, que si no llevan el control no llegan al orgasmo – a otras nos gusta todo y depende del día.

Y por supuesto también depende de la otra persona. Hay hombres con los que te gusta dejarte guiar, otros a los que disfrutas dirigiendo y otros en los que no puedes confiar. Hay una situación muy típica que se da la primera vez que estás con un hombre y te empiezas a dar cuenta de que es un inútil y que el encuentro será un desastre. ¿Y qué haces en ese momento? Porque mañana puedo dejarle, pero ahora que tiene los calzoncillos en los tobillos me parece un poco mala educación enviarlo a casa. Tampoco le vas a decir:

- Oye, lo estás haciendo fatal. Vete a Hogwarts a ver si te enseñan a usar la varita.

Pues no. En ese momento, una respira hondo, sujeta las muñecas, da la vuelta a la tortilla e intenta que el encuentro sea lo más placentero posible.

Asume el control porque, sino, no habrá manera.

Eso sí, a la mañana siguiente le dejas, porque no vas a tener la responsabilidad total de toda la vida sexual, ¿no? No podemos hacer el trabajo duro todos los días. A veces una chica necesita una siesta.

Y ésta es, en mi opinión, otra de las grandes ventajas de la vida sexual moderna es poder asumir una postura pasiva en las relaciones que no signifique, por ello, sumisa. Hay días que simplemente apetece dejarte hacer y convertirte en un amasijo de puntos nerviosos con los que jugar. Y eso es genial si confías tanto en tu pareja como para olvidarte de ti mismo porque sabes que él te va a proporcionar lo que necesitas, así que puedes cerrar los ojos y dejarte llevar. En plan, cariño hoy asumes tú el control que yo limpié la cocina esta tarde.

Y si quieres que sea yo la que te practique sexo oral, limpia el baño. Eso no es chantaje, es mantener viva la fantasía en nuestra vida sexual, (guiño).

Además de garantizar nuestro propio placer hay otra razón importantísima para asumir el poder: concentrarnos en dar placer a nuestra pareja. Ver su cara de éxtasis y saber que se lo has proporcionado tú, incluso olvidándote del tuyo propio. Relájate nene, que este orgasmo corre de mi cuenta.

Cuando ambas van juntas y obtenemos placer haciendo disfrutar al otro tenemos un encuentro estratosférico, con fuegos artificiales y hasta un meteorito puede caer en Rusia.