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Observador Sexual: Sida, Lejos de romper prejuicios

Antón Castellanos
Cada primero de diciembre, Día Mundial de Lucha contra el VIH/Sida, miles de activistas, personalidades y funcionarios de Gobierno hacen declaraciones con mucha difusión mediática sobre el estado actual de la lucha contra el VIH/Sida.

Mientras muchos de ellos sólo aprovechan esta celebración internacional para obtener un poco de luz de los reflectores, hay otros que están genuinamente involucrados en la lucha contra el Sida desde hace años. Una lucha que nos ha obligado a cuestionarnos muchas cosas en relación sobre cómo los seres humanos vivimos y pensamos la sexualidad humana, un  proceso de reflexión que a la fecha sigue en camino…

Actualmente, tanto estrategias de prevención como el discurso de algunos de los actores de la lucha, no consideran los múltiples prejuicios y estereotipos que hacen referencia a diferentes cualidades de la diversidad humana y que dificultan la reducción de la pandemia.

Hoy sigo escuchando a jóvenes que piensan que no hay que usar condón si su pareja se ve saludable, o que una persona de clase socioeconómica alta no es propensa a tener el virus, por tanto, si se meten con gente “bien”, como se dice en México (o sea, de una familia con “estatus” social), no tienen por qué usar condón. En cambio, si se meten con una persona de una clase más baja, mejor se protegen. Recientemente, por ejemplo, escuché decir a un joven universitario que si se acuesta con una niña “bien” no hay problema, pero con una “zorra” la situación es diferente. Yo le preguntaría en qué basa su opinión, porque una etiqueta muchas veces impide acercarnos a la verdadera realidad, que en dicho caso puede ser que la niña “bien” es la que tenga más relaciones sexuales y la que ya haya sido contagiada con el virus.

Otro prejuicio que existe se relaciona con el carácter de la relación que se mantiene con la pareja sexual: si se trata de una relación con “compromiso”, el uso del condón pasa a segundo plano, pero si se trata de una relación espontánea o si se conoce al individuo en un bar o por Internet, la protección no se cuestiona (en teoría, claro está…).

En los países latinoamericanos donde la figura del macho sigue siendo tan predominante, es todavía común escuchar que un verdadero hombre no debe usar condones. Y entre los hombres y las mujeres heterosexuales...

Todavía se escuchan cosas como “el VIH es de gays”.

Dentro de la misma comunidad LGBT también se escuchan cosas ridículas, como el hecho de “si la pareja con la que te metes es menor de edad, no tienes que preocuparte porque al tener tan poca experiencia, es poco probable que tenga el virus”.

Sin hacer distinciones por orientación sexual, muchos jóvenes creen que a ellos “no les va a pasar”, que si no van al doctor y no reciben un diagnóstico están “sanos” o que recibir el diagnóstico de VIH es una sentencia de muerte inmediata. También hay muchos jóvenes (incluyendo activistas) que repiten una y otra vez que las mujeres casadas son las que más riesgo tienen ahora de contraer el VIH, y no es cierto: ¡ONUSIDA ya ha indicado que son los jóvenes!

¿Qué nos dice este conjunto de mitos, prejuicios y estereotipos? La respuesta que encuentro evidente es que las alianzas estratégicas entre organizaciones de sexología, salud sexual, psicología social, y de VIH/Sida hacen mucha falta, porque para prevenir de manera efectiva el VIH/Sida no sólo basta con repartir condones o con imprimir panfletos que tengan información sobre las prácticas sexuales de riesgo, sino que es necesario abordar el tema en el contexto amplio de una formación positiva en sexualidad, que no sólo ponga de manifiesto conceptos que vinculen la sexualidad con el peligro ó el riesgo, sino con el placer y el bienestar. Además, y muy importantemente, se tienen que desarrollar estrategias mediáticas adecuadas y programas educativos que ataquen los estereotipos y prejuicios mencionados. En México, por ejemplo, no he visto ni una sola campaña mediática a nivel nacional centrada en el placer.

La problemática del VIH/Sida, implica, por supuesto, muchos más retos de los que comento, como el de la accesibilidad a los antirretrovirales, la necesidad de políticas públicas más sectorizadas, el financiamiento, entre otros, pero si no identificamos y entendemos las creencias que los jóvenes actualmente tienen al respecto del uso del condón en relación con tantos estereotipos, prejuicios y mitos tan dañinos, y las encauzamos de manera científica al diseño de nuevas estrategias de prevención, no se llegará lejos.

Hace poco escuché a un joven expresando una opinión que, como pocas, me ha sorprendido (y preocupado). Al compartirle un artículo de periódico donde se hablaba de la importancia del uso del condón, comentó que se le hacía terrible que hubiera expertos que promovieran el uso del condón, violando así algo tan “puro” como las relaciones sexuales humanas con el miedo. Sin embargo, no son los expertos en sexualidad los que transmiten miedo, por siglos ha sido nuestra cultura, y es ese mismo miedo el que nos impide reconocer la “pureza” de las relaciones sexuales (retomando el calificativo que de manera tan distorsionada utilizó el joven). Por ello, en el contexto del Día Mundial de Lucha contra el VIH/Sida 2012, te invito a no tenerle miedo a tu propia sexualidad, a tu cuerpo y a no tener miedo de proteger tu placer.

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