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Conoce la opción para sufrir menos luego de terminar con tu pareja

Desapego al terminar una relacion
Desde hace siglos los budistas lo saben, pero más recientemente son algunos psicólogos como Walter Riso quienes enseñan a vivir en el desapego para ser felices; y no, no quiere decir que entonces el amor no importe.

Hay muchas definiciones del amor. Desde la de un diccionario hasta las que cada persona estructure en base a lo que experimenta y siente. Puede ser que lo expliquen como una fuerza interior, como un motor, una forma de vida, un proceso hormonal o una serie de momentos de alegría.

Cada quien lo percibe en su interior de manera particular, pero hay un aspecto que en todos los casos deberíamos vivir: el amor no es una pertenencia. Cuando nos enamoramos no nos convertimos en dueños de nuestra pareja. Aprender a amar en libertad es algo maravilloso porque eso nos llevará a tener relaciones sanas en donde disfrutemos de cada momento y, si llega el día de la ruptura, aunque nos duela o hagamos todo lo posible por no terminar, podremos aceptar la separación con fortaleza, agradecimiento y tranquilidad.

¿Qué es el desapego?

Señala Walter Riso, doctor en psicología y magister en bioética, que equivocadamente entendemos el desapego como dureza de corazón, indiferencia o insensibilidad, y eso es INCORRECTO. El desapego no es desamor, sino una manera sana de relacionarse, cuyas premisas son:

  • Independencia.
  • No posesividad.
  • No adicción.

Una persona apegada suele sufrir el amor. Siente que, tras la ruptura, la relación su vida se acabará, jamás volverá a sentir igual y no podrá sonreír de nuevo. Incluso aunque no haya llegado al fin, durante la relación tenderá a sufrir, pues aparecerán los celos, la inseguridad, la incapacidad de estar en soledad, entre otras cosas.

En cambio, quien ha aprendido a vivir en el desapego es capaz de controlar sus miedos hacia el abandono, busca su propia identidad, no es egoísta, es comprensivo/a y padece mucho menos estrés.

Desapegarse no significa buscar de inmediato un sustituto afectivo, entrarle a la promiscuidad, volverse frío e indiferente o decidir que nunca más se volverá a tener una pareja, sino elegir romper con la adicción a una pareja (o una lista de parejas) y a la simple idea del amor.

Como dice Walter Riso en su libro Guía práctica para vencer la dependencia emocional, "no podemos vivir sin amor, pero sí podemos amar sin esclavizarnos. Una cosa es defender el lazo afectivo y otra muy distinta ahorcarse con él”.

La salida está adentro

He visto, en mi labor como educadora sexual, la enorme diferencia entre una persona que finaliza un noviazgo o matrimonio estando totalmente apegada a su pareja y otra que ha vivido en el desapego desde antes de que llegara el final.

En el primer caso, el adiós es sumamente doloroso. Pasan noches en vela llorando, preguntándose qué pasará, recordando los viejos tiempos con una mezcla de enojo y deseo insatisfecho. Involucran a sus familiares, amigos e hijos en el proceso, destruyendo con el rencor todo lo que se construyó durante el tiempo de alegría.

En cambio, quien se despide tras haber trabajado en el desapego, aunque también llorará y recordará los viejos tiempos, se sentirá con la fortaleza para seguir adelante, construirse una vida nueva, conocer a su tiempo a alguien más. Evitará involucrar de manera negativa a quienes lo o la rodean pues habrá comprendido que la salida no está afuera de cada uno, sino en nuestro interior, y se animará a realizar un amoroso resumen de la experiencia sin sufrimiento. Siendo así, ¡hasta podríamos seguir siendo amigos o amigas de la ex pareja!

Les compartimos aquí el link al libro de Walter Riso. Siempre será un gran momento para leerlo (aunque estemos contentos/as y enamorados/as).

Sabemos que no es fácil, ¿pero te atreverías a poner en práctica el desapego en tus relaciones? Si te llueven las preguntas estamos para apoyarte, ¡Hablemos!