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¿Conoces las tres reglas de oro del sexo?

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¿Quieres conocer un par de tips escandalosamente atrevidos, fogosos y sensuales? Entonces préparate y revisa este material con bebida y snack en mano

Como aquí siempre hablamos libre, claro y sin rodeos, se lo decimos de una vez: Prácticas SANAS, SEGURAS Y CONSENSUADAS.

Sí, así es. Y no me pongas esa cara. Ya sé que esperabas alguna receta alta en proteínas y afrodisíacos, y yo aquí con que “prácticas sanas, seguras y consensuadas”. Sé cómo puede sonar, pero espera, aquí hay algunas ideas clave que valen mucho detenernos a reflexionar.

Estamos de acuerdo en que las prácticas sexuales que toda persona tiene el derecho de elegir vivir, no tendrían por qué ser un riesgo a la integridad y vida de nadie (por ejemplo, siendo violentas, o estropeando algún plan de vida con un embarazo no planeado o deseado, o con alguna infección que ponga en riesgo la salud).

De lo que se trata es de darnos el permiso de construir relaciones y experiencias sexuales súper placenteras, satisfactorias, pero también seguras. Esto significa que exista la conciencia y responsabilidad sobre el cuidado de las cosas que influyen y determinan nuestro bienestar, nuestra valiosísima salud sexual.

Salud sexual, ¿eso qué?

Primero que nada, se trata de un derecho sexual y humano que tenemos todas las personas por el simple hecho de ser seres humanos, sin importar nuestra condición económica, física, de salud, familiar, nuestras creencias, origen, orientación sexual, edad, etc. Recuerda, todos los derechos son para todas las personas.

Por otro lado, la salud sexual también es un concepto que hace referencia a un estado de bienestar físico, mental y social en relación con la sexualidad. Requiere un enfoque positivo y respetuoso de la sexualidad y de las relaciones sexuales, así como la posibilidad de tener experiencias sexuales placenteras y seguras, libres de toda coacción, discriminación y violencia (Organización Mundial de la Salud /OMS, 2018).

En pocas palabras, tenemos derecho a mantener un cuerpo con salud, una mente y emociones, así como relaciones, sanas en todos los aspectos de nuestra sexualidad.

Y aquí, ojo, lo sano no nada más se trata de que no existan padecimientos, disfunciones o enfermedades, sino de tener la capacidad, el compromiso y la intención (las ganas, pues) de conocernos y querernos tanto así, que nos damos la oportunidad de expresar y vivir nuestra sexualidad, cuidando cada parte de ella, y disfrutando al máximo de experiencias y sensaciones de satisfacción y bienestar total, de libertad y plenitud. Qué buen viaje, ¿no? Pero espera, es aquí en donde el consenso juega un papel clave.

CONSENSO. ¿No conoces a este pokemón?

Obvio no existe ningún Pokemón con este nombre, pero igual y debería… a ver si así se vuelve algo más atractivo de buscar y conseguir con igual intensidad en todas las relaciones.

Hasta aquí todo bien con el cuidado de la salud, y con el derecho al placer y la gozadera, pero hay un pequeño detalle: salud sexual, también es tener derecho a decir que NO. Y mi derecho a decir que NO, es el mismo derecho de las demás personas.

El consenso se trata de estar completamente al tanto y de acuerdo en lo que vamos a hacer, con quien o quienes lo vamos a hacer, sin presiones ni manipulaciones, y sin cambios en la jugada - a menos que el cambio sea un rotundo NO, en cuyo caso se entiende que la persona ya NO ESTÁ DE ACUERDO con lo que está sucediendo y, obviamente, hay de parar el tren de la pasión, para dar paso al respeto, al diálogo, y si se da el caso, a la creatividad, para que podamos seguir disfrutando de la compañía de la pareja, sin dañar su bienestar.

Atrévete a probar las delicias de vivir tu sexualidad con salud, ¡es tu derecho!

¿Te atrevería a poner en prácticas estas reglas? o ¿para ti no son importantes?. No te quedes con las preguntas, compártelas en nuestro Foro de Discusión