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Cruzando países y fronteras por amor

rejas
Lily y Kathy no la tenían fácil con su historia de amor. Como el matrimonio entre personas del mismo sexo no está permitido en el país donde viven, decidieron buscar otro camino. La historia la cuenta Sandra AbdAllah-Alvarez.

Cuando Lily y Kathy se conocieron, en una fiesta, en un día caluroso de verano, una de ellas ya tenía el plan de emigrar. Sin embargo eso no fue impedimento para el florecimiento y continuación de su relación, a sabiendas que una partiría en determinado momento.

El día llegó y, tras 385 días juntas, Lily se sube al avión un 1ro de julio y a partir de ese momento 90 millas la separan de su mejor amiga y amada. Un vuelo de tan solo 45 minutos era la distancia que Kathy, por su condición económica y legal no podría acortar.

A pesar de la tristeza y de sentir como si le hubieran arrancado el alma, Kathy, no desistió y, con su relación a distancia, empezó a acariciar la idea de irse por otras vías detrás de su amada; sencillamente no podía con esas noches en soledad.

El camino no fue el más fácil. Debido a cuestiones legales y de visados en su país, ella no podía ir directamente hacia Estados Unidos, el país donde se encontraba Lily.

Finalmente decide salir hacia Ecuador, de ahí por diversos transportes, rumbo al norte. A pesar de los riesgos que implica cruzar toda Centroamérica sola para arribar a los Estados Unidos,

la ilusión de reencontrarse con su novia mantenía su motivación en alto.


De hecho, me dijo, que para ella hubiera estado bien cruzar el mismísimo infierno con tal de estar cerca de su pareja. Cualquier lugar donde Lily hubiera decidido vivir, sería el paraíso.

Y luego de meses se encontraron. “Este amor es tan grande”, dice, “que me fortalece, me da coraje y me engrandece”. En los momentos más duros siempre piensa cuánto la ama y todo pasa. Se siente entonces maravillosamente indestructible.

Kathy y Lily se casarán el año próximo en Estados Unidos y luego viajarán a Cuba para celebrar una ceremonia privada con la familia.

Lo ideal hubiese sido casarse en la isla pero allá aún no existe el matrimonio igualitario.

Mientras tanto, siguen viviendo su sueño, del cual la tranquilidad, la comunicación  y la armonía es una parte importante. El resto sería viajar juntas y seguir compartiendo el bienestar de tenerse y de amarse. Esta es la historia del amor de Lily y Kathy.

Y ustedes, ¿conocen de “amores prohibidos” que encontraron solución? ¿Serían capaces de hacer lo que hizo Kathy por reunirse con su amada? Dejen sus comentarios aquí o participen de nuestra discusión en redes