apto para 18+

"La opción era morirme o dejar de ser gay"

Testimonio Salir del Clóset
Desde Costa Rica, nuestra colaboradora Ana Beatriz nos comparte el testimonio de Óscar Gutiérrez Fernández (23 años) y su proceso de salir del closet

En la Foto: La madre de Óscar lo acompaño a la Marcha de la diversidad en el 2016.

“Yo sentía que me iba a volver loco en ambientes heteronormativos; hubo momentos en que sentí que suprimía eso o me suprimía yo -por no decir me suicidaba-. La opción era o morirme o dejar de ser gay, pero dejar de ser gay no era una opción y suicidarme tampoco, porque había muchas cosas de la vida que me gustaban mucho y no quería dejarlas ir”.

Oscar Gutiérrez Fernández nació en San José, Costa Rica, hace 23 años. Es bachiller en Ciencias Políticas y trabaja en la Embajada del Reino Unido como asistente de Comunicación.

Habla con mucha franqueza sobre su salida del closet cuando tenía 20 años, no obstante confiesa que aún le falta camino por recorrer en la autoafirmación, no solo de su sexualidad sino de su identidad como ser humano, como individuo: última etapa de ese trayecto de una vida sin esconderse.

Soy un hombre que le gustan los hombres

Óscar es un muchacho como cualquier otro de su edad. Es divertido, amiguero, entusiasta, le gusta la música, cantar karaoke, el cine, y las series de Netflix.

Es un apasionado de la tertulia y la reflexión, con un sentido de la ética y del compromiso político profundo, que pone en práctica en distintos ámbitos de la vida, pues considera que los derechos simbólicos de las personas en general –en realidad cualquier derecho- no se agotan, y por tanto, hay que democratizarlos.

“Yo públicamente me reconozco como homosexual, aunque creo que salir del clóset va más allá del reconocimiento público o privado de la homosexualidad. Va hacia verdaderamente poder vivir sin sentir que existe una censura sobre lo que uno hace, ya sea de la sociedad o lo que uno proyecta qué es la sociedad”.

Oscar nunca dudó que era homosexual pues para él era muy claro que le gustaban los hombres. Tenía 12 años y ya sentía un tipo de apreciación por sus cuerpos y su forma de ser. “Me acuerdo que veía cómo hacían el calendario de Cosmopolitan en la televisión, y me encantaba, y no era ni siquiera morbo porque en ese momento no tenía ni erecciones, solo me movía algo por dentro. Sentía necesidad de esconderlo y me di cuenta que no era algo inocente. Yo sabía que si mi mamá se daba cuenta que yo lo estaba viendo iba a pasar algo, igual con mi hermano y mis amigos”.

A los 14 años, Óscar pasó por un periodo de rechazo hacia su cuerpo porque éste no respetaba el mandato de la heterosexualidad y la heteronormatividad. “Tiene que ver con la homofobia institucional”, afirma, “porque lo que duele es no poder decir: “sí, yo me voy a casar y voy a tener tantos hijos, como todo el mundo dice en algún momento; si eso lo querés con un hombre, no hay proyecto posible”.

En esta etapa crecer le ayudó a salir del closet porque su manifestación física es viril, “tengo barba”, dice, aunque sus actitudes y movimientos sean “femeninos”: “Entonces mi mente está más en paz con el hecho de que sí puedo ser un hombre que le gustan otros hombres”.

Sin embargo, Óscar acepta que al principio hubo etapas de rechazo y aceptación “como no querer tener sexo anal, por el problema de que yo mismo me seguía censurando”.

Enfrentar la familia

Saliendo de su adolescencia, Óscar le contó a su familia que es homosexual. “Mi familia es fundamental y siempre lo ha sido. Lo más importante fue la incondicionalidad del amor; creo que mi familia estaba lista para que yo saliera del closet antes que yo. En ese sentido fui muy afortunado”.

De acuerdo con el testimonio de Oscar, otro aspecto medular es nombrar su homosexualidad, ya que es un acto político “asumirlo y capitalizarlo, y decir: parte de mi bagaje es ser gay”.

Por ello decidió ser activista: “cuando yo supe que tenía el privilegio de estar en un entorno que no es el mismo que tienen muchas personas, cuando entendí que hay personas que son perseguidas dentro de sus familias, que había gente que al decirle a su mamá que era gay lo echaban de la casa o lo golpeaban, me di cuenta que no era un tema superado, que mi experiencia podía servir porque yo tenía herramientas que otra gente no tiene y era muy injusto pensar que como ya yo tenía cierto grado de bienestar no iba a promover ese bienestar. Sería muy egoísta. Al tener yo esa conquista personal de poder ser abierto y honesto con mi familia y amigos, entendí que tenía que ayudar a que otras personas tuvieran eso”.

¿Conoces historias como esta? ¿Te gustaría compartirlas? Estamos para escucharte o responder a tus preguntas en el Foro de Hablemos