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La verdad sobre los celos

¿Tienes ganas de revisar el historial de mensajes del teléfono de tu pareja? ¿Te preguntas por qué se arregla tanto para ir al trabajo o al estudio? Todos en algún momento de nuestras vidas sufrimos de celos y a veces no lo podemos evitar.

Los celos son una respuesta al temor que uno tiene de perder algo que posee, sea por una amenaza real o por sospechas infundadas.  Según la psicóloga Silvia Ramos Garrido, cuando este sentimiento persiste, acaba absorbiendo e invadiendo a la persona que lo siente y, como consecuencia, termina afectando a muchas áreas de su vida y a otras personas.

“Las personas celosas son capaces de abandonar su trabajo, sus actividades, condicionar la vida de la otra persona para no sentir celos, lo cual puede acabar deteriorando la pareja, la amistad y las relaciones familiares”, indica Ramos, quien señala que el origen de los celos se traslada a la infancia y al desarrollo de las relaciones de dependencia con los progenitores.

El famoso Complejo de Edipo

Ramos explica que los niños y niñas experimentan indicios de sexualidad en la primera infancia y sus impulsos sexuales están dirigidos hacia la figura paterna o materna. En el caso de un niño, la madre y en el caso de una niña, el padre.

“El niño de esta manera competirá en su fantasía por el amor de la madre, que cree le será arrebatado por su padre, y la niña competiría de la misma manera con la madre, ante la amenaza fantaseada de la pérdida del amor paterno”. Ramos se refiere al Complejo de Edipo, el concepto central de la teoría psicoanalítica de Sigmund Freud.

Entonces, cuando el niño se vuelve adulto, explica Ramos, cada vez que aparece un tercero en escena, lo vive como una amenaza sobre una relación emocional valorada. “La antigua y dolorosa herida de la infancia vuelve a abrirse y entonces ahí se experimentan de nuevo los celos y la relación de competencia”.

¿Quiénes son los más celosos?

Hay una relación entre el grado de celos y la cercanía que uno ha tenido con sus padres y eso lo refleja en su pareja en la adultez. Depende de cómo se resolvió esa situación en la infancia, algo que se manifestará en la vida adulta, cuando se produzcan situaciones similares de triangulación, explica Ramos.

Los celos pueden ser experimentados por cualquiera y en cualquier momento. No tienen que ver ni con el sexo ni la edad. Ramos explica que tienen más que ver con esas experiencias emocionales en etapas tempranas de desarrollo, relacionadas con sentimientos de sentirse querido, amado y valorado, o por el contrario, rechazado, abandonado y no amado, dependiendo de cómo se han dado esas experiencias con los padres.

Culturas más celosas

La forma en que se experimenta y se expresan los celos también puede variar según las culturas. Lo que es normal en nuestra cultura puede no serlo en otra, sostiene Ramos. Un artículo publicado por la psicóloga y periodista científica Glenys Álvarez afirma también que el origen de los celos es altamente evolutivo y además está en relación con el nivel de fertilidad de la nación que se analice.

“De acuerdo con el sondeo internacional realizado por el psicólogo investigador Gary Brase, de la Universidad de Sunderland en Gran Bretaña, los brasileños son los hombres más celosos, mientras que los japoneses, tanto los hombres como las mujeres, son los que menos celos dicen sentir”, cita Álvarez.

Las razones que se exponen es que habría una relación significativa entre el nivel de fertilidad de un país con el grado de celos que siente su población. De ahí que “mientras más fértil es la cultura, más celos sienten sus habitantes”.  Y, efectivamente,  los índices de población indican que Brasil se encuentra entre los países donde aún se tienen muchos hijos, a diferencia de Japón, donde cada vez se concibe menos, por lo que los sentimientos de posesión y celos se darían con menos frecuencia.

Factores desencadenantes de celos

Desde el punto de vista psicológico, los celos se relacionan muy estrechamente con dos factores, dice Ramos: La dependencia emocional y la inseguridad. Muy estrechamente ligado a ellos está la infidelidad, que se da cuando se rompe el pacto de exclusividad en la pareja que, a su vez, tiene otras razones.

Y de los celos a la violencia y de la violencia a  los crímenes pasionales, dicen, hay muy poco trecho. A través de los celos muchas personas llegan a agredir física y psicológicamente a sus parejas e incluso, en casos extremos, pueden llegar al asesinato o al suicidio.

¿Cómo saber que se está pasando del límite?

Ramos explica que para una gran mayoría de las personas, cuando producen un dolor y una aflicción muy grande, los celos suelen constituir una experiencia íntima que no llega a derivar en una acción violenta. “Sentir celos es normal, siempre y cuando no lleguen a un extremo”.

Lo más dañino de los celos patológicos es el sentimiento de posesión sobre el otro o de sentir que el otro es propiedad de uno, este sentimiento puede desembocar en lo paranoico. “Estas personas que tienen una fuerte dependencia emocional hacia los otros, experimentan tal grado de propiedad sobre la otra persona que las convierte en personas peligrosas y capaces de agredir a la persona amada ante la posibilidad de perderla”.

Recomendaciones para celosos y celados

Ramos recomienda a los jóvenes que se sientan celosos, que analicen y se pregunten primero sobre el origen de sus celos. Si se quieren lo suficiente a ellos mismos o se sintieron alguna vez poco valorados o queridos.

Es bueno que cada pareja tenga su espacio. Hay que respetar la libertad y el punto de vista de la pareja. En caso de que no puedan afrontar los celos por sí mismos, y si su relación con los demás se ve afectada, es mejor acudir a un especialista para que les ayude.

Con respecto a las parejas celosas, ella recomienda mostrar los celos de una manera amorosa. “Sobre todo a través del diálogo, antes que con reacciones descontroladas de ira.”

Finalmente intentar hacer entender al otro lo que a uno le puede hacer sufrir un comportamiento determinado. “Ponerse en el lugar del otro, en este caso, es fundamental”.