Derechos de trabajadoras sexuales
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Dime qué piensas del trabajo sexual y te diré quién eres

Si legalmente todos los trabajadores tienen derechos laborales, ¿por qué las trabajadoras sexuales no? La organización Red Balance nos comparte su reflexión.

Por Daniela Tejas de Red Balance / organización asociada a Hablemos de Sexo y Amor.

¿Cuál es la diferencia que hay entre ir a una oficina por ocho horas diarias ofreciendo servicios contables y pararse en la calle por ocho horas diarias ofreciendo servicios sexuales?

La respuesta: los prejuicios. Al hablar sobre trabajo sexual, estamos llenos de ellos; las narrativas amarillistas han dejado su huella en el imaginario colectivo que tenemos del tema, haciendo que sea una profesión que se vive con inseguridad y poca empatía. Y es que el mundo en el que vivimos tiene un grave problema con las mujeres que ejercen su sexualidad libremente.

Es importante resaltar que, al dejar de lado los prejuicios y escuchar a las personas de carne y hueso, podemos encontrar que no existe un perfil de las mujeres que ejercen el trabajo sexual.

Hay tantas razones para ejercerlo como personas que lo hacen: madres solteras que aprovechan el esquema de tiempo para poder cuidar a sus hijos e hijas durante el día y trabajar en la noche, mujeres universitarias que pagan altas cuotas escolares, personas trans que no tienen otras oportunidades laborales, personas que disfrutan el trabajo, gente que lo odia, personas que lo hacen a través de Tinder, teléfono, páginas web, en la calle o en sus casas. Es decir, es como cualquier trabajo.

Los argumentos en contra del trabajo sexual tienen dos vertientes principales: una, que argumenta que este trabajo en sí mismo denigra a las mujeres y el segundo, que equipara la trata de personas y explotación con el trabajo sexual.

Respecto al primero, hay que cuestionar el grado de rechazo que tenemos con que alguien reciba dinero a cambio de un intercambio sexual, ya que la moral que nos han inculcado dicta que el sexo tiene que ser siempre en una relación monógama, "por amor" y sin fines de lucro. Es necesario pensar más allá de nuestra zona de confort y cuestionar si lo que realmente nos preocupa es la explotación, miremos los esquemas laborales actuales y los otros miles de trabajos que implican explotación, como el trabajo de maquila o la minería.

 

El derecho al trabajo sexual no es diferente al derecho al trabajo que tenemos todas las personas. Tenemos que dar cuenta, que si no fuera por los prejuicios y el gran estigma en torno al ejercicio de la sexualidad, sobretodo de las mujeres, el trabajo sexual no sería un trabajo de riesgo que enfrentara tanto rechazo.

Entender que el derecho al trabajo, usando cualquier parte de nuestro cuerpo como mejor nos convenga, está por encima de los prejuicios, que la autonomía implica que cada persona pueda decidir cómo ganarse la vida como mejor le convenga y en condiciones de seguridad, y que los derechos humanos defienden la libertad de que cada persona decida sobre su cuerpo y su vida.

Sí, elegir el trabajo sexual es parte del Derecho a Decidir que tenemos las mujeres.

Respecto al segundo argumento, hace falta hacer una diferencia entre los muy diversos y diferentes tipos de trabajo sexual. Es muy diferente hacerlo porque te parece una opción laboral rentable y conveniente, de manera voluntaria, a estar en una red de trata de personas; esto último es un delito que las redes organizadas operan a gran escala a nivel mundial y con un esquema inhumano, que se basa en la falta de consentimiento, la violencia y la coerción.

Sin embargo, creer que la prohibición legal del trabajo sexual lo desaparece en la realidad es ingenuo y peligroso para la vida de las mujeres. Múltiples estudios y experiencias reales dan evidencia de que sacar el trabajo sexual de la legalidad lo fuerza a condiciones abusivas e injustas por llevarse a la clandestinidad.

Garantizar buenas condiciones para el trabajo sexual, en cambio, lo diferenciaría realmente de la explotación sexual y hace más fácil la identificación y persecución de la trata de personas y explotación.

Las trabajadoras sexuales autónomas no necesitan que las rescaten, necesitan que las personas las respeten: para hacer políticas públicas, para contar sus historias, para hacer sus condiciones de trabajo más justas y seguras.

Escuchémoslas, informémonos y rompamos nuestros prejuicios. Caminemos juntas.

¿Qué opinas del enfoque que nos comparte Daniela sobre el trabajo sexual? Comparte tus pensamientos o preguntas en nuestro foro.

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Muchos le dicen la vida fácil pero yo pienso que para ninguna mujer es fácil tener que estar con hombres diferentes que no le gustan... Se trata de su cuerpo. Cada quien elige lo que quiere hacer o lo que le toca por la razón que sea.
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