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Hablemos de Sexo y Amor

Cirugía para las caras bonitas

By Gabriela Julio 29, 08:41 am
Estoy intentando quitarme unos kilos. Bueno, yo SIEMPRE estoy intentando quitarme unos kilos. Yo y más o menos el resto de las mujeres del hemisferio occidental.

Todos tenemos algo de nuestro cuerpo que queremos cambiar. Empezando porque las muchachas de pelo rizado lo quieren liso, las de pechos grandes los quieren pequeños y las que tienen pocos labios quieren más. Sí, hasta esas mujeres a las que parecen que la hayan peinado los pájaros esa mañana, tiene inseguridades.

Cuando nos miramos al espejo es cuando hacemos la gran pregunta: ¿por qué no existirá la magia? ¿Por qué no puede venir un duendecito y cambiarme este tambor por unos muslos de tamaño razonable? Qué baile ni qué baile, si se me presenta mi hada madrina le pido una talla 90 de ajustador, que con un escote así el príncipe ya caerá solito.

Y ahí es donde entra la cirugía plástica: para arreglar esos pequeños defectillos de fábrica que, o bien no tienen solución natural o queremos hacerlo rápidamente. Para hacer esta entrada, al principio quise hablar sobre los riesgos que supone someterse a una operación de este tipo e incluir las estadísticas de fallos y problemas que da entrar a un quirófano. Sin embargo, según leía y leía me di cuenta de que nada de eso en realidad importaba – aunque, por supuesto, debería - y la persona que quiera operarse lo hará sin importar los números.

Cuando el problema es de amor propio, el resto del mundo no importa.

Hasta ahí, la cirugía plástica me parece algo perfecto. Si tengo las orejas muy abiertas y me molesta ¿por qué no iba a someterme a una pequeña operación y salir a la mañana siguiente como siempre he querido ser y sonreírme en el espejo?

Mis cuestionamientos vienen más tarde. Concretamente cuando veo una chica - que se ve a simple vista que era preciosa de natural - con dos globos de plástico bajo el cuello o los labios como si le acabara de picar una avispa; o esas actrices que me hacían llorar años atrás con la cara totalmente paralizada. Claramente me han vendido la moto.

Eso me hace preguntarme realmente por qué nos operamos. O, mejor dicho, ¿por qué estamos tan ofuscadas con "vernos perfectas"? Una obsesión tan grande - que ya ha sido catalogada como adicción - va más allá del simple amor propio.

Mi gran apuesta es la inconformidad. Hay muchos tipos de mujeres y casi nunca estamos contentas con el grupo en el que hemos caído; además, socialmente siempre hay un estilo más reverenciado que otro. Y no hablemos de “me quiero poner más tetas porque a mi novio no le gustan tan pequeñas y me ha dicho que me va a dejar”.

En la cirugía, como en todo, el éxito está en el equilibrio y en no volverse loco. Si tu problema es una nariz muy grande que siempre te has querido quitar, hazlo, pero si tienes una nariz perfectamente normal, lo que necesitas es autoestima.

¿Y saben cómo se consigue la autoestima? Pues autoestimándose. Es muy probable que junto a tu nariz tengas unos ojos preciosos, hay escotes que quedan increíblemente bien con poco pecho (y toda la industria de la moda te apoya, por cierto) y siempre encontrarás una persona a la que le gusten los muslos más anchos que un lápiz (¡espero!). A largo plazo, la mejor solución a nuestros problemas de imagen es mirarnos al espejo y ver atractivos nuestros propios defectos.

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