apto para 18+

¿Terminaste con tu pareja? Aquí una ayudita...

Rupturas en la prensa
Terminar una relación nunca es pan comido. Aunque muchas personas piensen lo contrario, terminar una relación puede ser tan emocionalmente agotador como que te dejen. Pero ¿Qué podemos hacer luego de que esto ocurre?. Veamos qué trae de nuevo la prensa...

Una píldora para el truene

¿Creías que ese famosísimo dolor (como le llama el músico Jaime López a lo que uno siente cuando termina una relación amorosa) era diferente al de muelas y no había manera de suavizarlo? Pues resulta que esos síntomas que nadie quiere vivir, como sentir que le falta el aire, sus músculos están tensos, su corazón se acelera y aumenta la velocidad a la que fluye la sangre o se nubla la vista que a veces se tienen tras saber que nuestra relación amorosa ha terminado, son reacciones de nuestro organismo frente a un dolor real.

Para sobrellevar una situación peligrosa, el cuerpo reacciona alterando algunas funciones vitales en busca de la supervivencia. Es el sistema nervioso simpático el que prepara al cuerpo para luchar o huir de una amenaza lo más rápido posible. El sistema nervioso central y la adrenalina liberada “atacan” directamente al corazón y al estómago, provocando un gran malestar físico.

Y eso no es todo, amigos: algunas personas pueden experimentar, después de separarse, algo muy parecido al síndrome de abstinencia, eso que se siente cuando se deja de consumir alguna droga, beber o fumar. Se debe a que las mismas hormonas que producen algunas de las sensaciones más importantes de los seres humanos son responsables también de sus tristezas: la oxitocina, la dopamina y la serotonina (las hormonas del amor, la creatividad y la felicidad) desaparecen tras una separación y el cuerpo, víctima de una reacción química, sufre.

La buena noticia es que Nathan deWall, psicólogo de la Universidad de Kentucky, investigó si ese dolor podía ser tratado con medicina real y llegó a la conclusión de que el acetaminofeno, más conocido como paracetamol, puede reducir la respuesta física y neuronal asociada con el rechazo social, ayudando en el proceso a quienes más síntomas experimenten (y éstos puedan traer otras consecuencias).

Sin embargo, en este estudio y en otro realizado en Ohio, se ha sugerido que abusar del consumo del fármaco podría tener un impacto dañino, al cubrir las manifestaciones en lugar de ayudar a la persona en su proceso de recuperación.

Leamos aquí a detalle

 

¿Monogamia en serie?

La manera en que superamos una ruptura tiene mucho que ver con la madurez que poseemos, nuestra visión del mundo, de los demás y de nosotros mismos para verlo como una realidad común, como algo que tuvo cosas buenas y, por ello, nos debería ayudar a crecer en lugar de hacernos infelices. Como estas situaciones o aprendizajes se van consiguiendo con el paso de los años y mediante nuestra capacidad para reflexionar sobre los modelos sociales que nos han impuesto, los más jóvenes son los que más sufren por amor; no obstante, se trata de que vayan aprendiendo a superar estas penas para que, en lugar de pérdidas, tengan ganancias.

De entrada, no estaría mal reconocer que no existe el amor “para toda la vida”. Al menos no en los términos que nos han hecho creer, suponiendo que el puro sentimiento nos va a alcanzar para sobrellevar durante décadas todo lo que implica existir en solitario y, además, en pareja. En lo personal, creo que es posible permanecer con alguien durante mucho tiempo si se renuevan acuerdos, se analiza la realidad, se preserva la individualidad propia y se respeta la ajena, entre muchas otras cosas.

Para el psicólogo español Rafael Santandreu, el hecho de que cada vez haya más rupturas se debe a que llegó la caducidad de un modelo contranatura, y pronostica un futuro (más bien presente) de “monógamos en serie”.

Afirma: “En el futuro ninguna pareja pretenderá estar toda la vida con el otro. En realidad, esto es muy absurdo; las parejas deberían cambiar cada cinco años. Entiendo que, a día de hoy, este discurso suena como algo lamentable, pero el ser humano no está programado para tener una convivencia basada en la monogamia o en una pareja para siempre”.

Es un hecho es que después del trago amargo de la separación, cuyo punto más álgido puede durar dos o tres semanas, la vida cotidiana se va recuperando, la persona se va relajando, y al bajarle dos rayitas al dolor es más fácil que conozca a otra persona con la cual pueda compartir la vida… o una parte de ella. Ya pasó de moda aquello de que “un clavo saca a otro clavo” dicho como un consuelo. Los límites para conocer a una nueva pareja nos los impone la sociedad, pero si sabemos que ya no hay vuelta atrás, analizamos los motivos del rompimiento y buscamos nuestro balance y bienestar, el conocer a alguien más debería ser motivo de alegría en lugar de recibir una crítica voraz por parte de quienes nos rodean.

No te quedes con la curiosidad y lee el artículo completo aquí