Ser Mujer
https://www.pexels.com

Ser mujer y ser joven

Somos del sexo femenino desde que nacemos o desde que nos consideramos así, pero ser mujeres es mucho más que tener una vulva entre las piernas, y nuestra construcción como tales se comienza a fortalecer, de manera individual, en la adolescencia

Soy mujer, sí. Tengo una vulva entre las piernas, la cual he decidido conservar sin vello, porque me gusta más así. A veces la contemplo en el espejo cuando salgo de bañarme o simplemente porque sí. Desde hace mucho tiempo cargo conmigo un par de tetas de forma particular. Algunas veces, cuando veo fotografías o videos en donde aparecen mujeres desnudas, reconozco en ellas su forma, color, tipo de pezón y demás, aunque con el paso de los años he descubierto que son únicas. Por muchas semejanzas que pueda haber, no he encontrado otras iguales a las mías.

Mis caderas son redondas, pero no demasiado. Cuando era adolescente parecía una tabla, como se dice en México. Mi torso estaba parejo. A los 14 años mi amiga Alejandra comenzó a “desarrollarse” y unos meses después su cuerpo parecía el de una mujer, ya no el de una niña. Me sentí muy extraña, y eso que no eran los tiempos actuales, en los que el proceso de pubertad comienza más pronto. De hecho, todo el proceso físico y psicológico ha cambiado en los últimos 15 años.

Ahora ustedes tienen más presión social, como mujeres jóvenes, por representar un rol específico (más “moderno”, acorde a los cambios tecnológicos), por integrarse en un grupo particular y ser aceptadas. Tienen que aprender a vivir con ello, además de con la enorme cantidad de información que se encuentra en internet, en las redes sociales, en las aplicaciones, en donde siempre hay una opinión relacionada a la forma en que deben comportarse o cómo tienen que verse o hablar o sentir o ejercer su sexualidad o actuar frente a los chicos.

Soy mujer y no soy joven, pero aún recuerdo con nitidez cuando lo era.

Sé que a veces sus madres no las entienden. O quizá les parece que NUNCA las entienden. Para mi madre, ser mujer tenía que ver con una manera “femenina” de vestirse, con caminar muy derecha, con ser discreta, hogareña, hacer las labores del hogar, no decir malas palabras y una serie de cosas más que a mí me parecían totalmente fuera de la realidad.

Seguramente ahora sus madres tienen conceptos diferentes a los de la mía, pero también a los suyos. Ellas nacieron antes de que existiera internet, aunque no crean posible que hubiera un mundo así. A fin de cuentas, ¿quién nos entiende cuando somos jóvenes, además de nuestros iguales? ¡Nadie! O eso creemos. Y no está mal. Sin embargo, es importante que más allá de lo que nos digan las personas de nuestra edad o las mayores, las mujeres (y los hombres también, pero hoy me refiero a ellas porque es la semana en que nos celebran) encontremos en nosotras mismas las razones que nos hacen sentirnos contentas por haber nacido con este sexo.

El Placer

Yo tengo el cabello largo y de color rojo. Hace unos años decidí no usar zapatos de tacón, pero me sigue gustando mucho usar faldas (y si son cortas, mejor). Tengo tres tatuajes: uno en un dedo, otro en una pantorrilla y uno más en el antebrazo derecho.

El de la pierna tiene un colibrí, animal que representa la sexualidad humana, nuestra posibilidad de transformarnos, de andar de un lado al otro con energía, de ejercer nuestra libertad. Me gustan los colibríes. Me recuerdan mi derecho a sentir placer. ¡Y vaya que lo he ejercido! Ahora entiendo que no hay un solo tipo de orgasmo femenino. Un día me quité de la cabeza la idea de que solo podía sentir uno por “relación sexual” y que éste era como llegar a un destino siempre igual.

Entonces comprendí que alcanzar el clímax siempre puede ser diferente: a veces es como subir una montaña elevada y llena de nieve, otras como quedarme suspendida en una alberca de gelatina o correr en un prado verde para luego caer sobre una cama de algodón. Es girar y rodar y perderme en un lugar blanco, sereno, silencioso donde siento que puedo estallar. Es también, en algunas ocasiones, un acto furioso, rudo, intenso, en el que dejo toda mi energía, mi impulso primario. Nunca sé cómo será ni en qué parte de mi cuerpo surgirá (adentro hay tantos puntos diferentes que se pueden estimular como afuera de nosotras) , así que no espero nada en particular, únicamente me dejo llevar por lo que sucede en cada ocasión.

No sé qué habría pasado si me hubieran dicho de joven que esto era posible. Lo que sí sé es que ahora me gusta explicar estas posibilidades a todas las mujeres, particularmente a las veinteañeras. Decirles que exploren, que busquen dentro de sí (por la vagina y en el alma), en sus clítoris, en sus senos, en sus cuellos, en sus piernas. Que se cuiden. El condón (se los juro) no tiene por qué limitar nuestra experiencia erótica ni la de nuestras parejas, sean del sexo masculino o femenino, y evitan que nos contagiemos de infecciones indeseables. El uso de un método anticonceptivo, además del preservativo, no va en contra del enorme placer que puedan sentir, al contrario: hará que se dejen llevar por deliciosas sensaciones sin temor a embarazarse. Eso marca una diferencia enorme.

Soy mujer y quiero que las jóvenes de mi sexo se sientan plenas.

Que se diviertan. Que investiguen. Que se conozcan a sí mismas. Que exijan respeto por lo que quieren, buscan, esperan y son. Que prueben muchas cosas —porque este mundo está lleno de maravillosas posibilidades— pero con responsabilidad. Deseo que cada vez sean más las chicas que me escriban para decirme: “¡Me siento tan feliz de ser mujer!”, más allá de mencionarlo un día en especial del año. No es tan difícil. Y hoy pueden empezar, asomándose a un espejo para sonreír frente a la imagen de esa persona que verán ahí.

Comments
Agrega un nuevo comentario

Comment

  • Etiquetas HTML permitidas: <a href hreflang>