sexo consensuado
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Sexo por primera vez: Sí sé, sí puedo y ¡sí quiero!

Quería que mi primera vez fuera especial, en esa ocasión tendría que “hacer el amor” y ya luego me dedicaría a “tener sexo” con quien fuera.

Cuando iba en la prepa me empezaron a dar muchas ganas de tener relaciones sexuales y, aunque tenía algunas insinuaciones de amigos, yo quería que mi primera vez fuera especial. Pensaba que, al menos, en esa ocasión tendría que “hacer el amor” y ya luego me dedicaría a “tener sexo” con quien fuera.

Meses después de graduarme, conocí al que sería mi novio por cinco años, nos enamoramos por completo y, eventualmente, decidimos que era hora de tener nuestra primera vez. Hablamos del deseo de hacerlo y planeamos cuando sería. Sus papás saldrían de viaje, así que su casa estaría sola un fin de semana.

Toda la vida me habían hablado de métodos anticonceptivos e infecciones de transmisión sexual, tenía la información suficiente, sin embargo, estaba aterrada. ¡Feliz, pero aterrada!

El día llegó

Él fue por mí y cuando llegamos a su casa nos quedamos sentados en el sillón platicando de todo, menos de lo que realmente queríamos. Luego de varios minutos tortuosos, comenzamos a besarnos y tocarnos, entonces finalmente me preguntó si lo haríamos. A pesar de mis nervios, dije que sí.

Debo confesar que ese momento me pareció mágico y súper bonito porque cumplió con todos los clichés de lo romántica que, supuestamente, debe ser la pérdida de la virginidad, no obstante, hoy que escribo estas líneas sé que la verdadera magia estuvo en que nuestra primera vez fue consensuada, o sea que los dos estábamos de acuerdo, eso posibilitó que ninguno estuviera incómodo, más allá de nuestra ansiedad o el dolor que me provocó la primera penetración.

Tener relaciones sexuales es una decisión personal, pero para que sean “relaciones” en el amplio sentido de la palabra, se necesita de alguien más, al menos una persona además de nosotros mismos; y es imprescindible que estén de acuerdo en las circunstancias en las que se llevará a cabo el encuentro sexual, si sucederá o no, dónde, cuándo y de qué manera será.

Es indistinto si es la primera vez que tienen sexo, si llevan tres años de novios, si se acaban de conocer en una fiesta, etc., forzosamente, los dos o todos los involucrados (si son más) deben aceptar.

Este consentimiento puede ser implícito, al empezar o responder a besos, caricias o conductas como quitarse la ropa; o explícito, al expresar verbalmente el acuerdo con un “sí” o “hagámoslo”.

Comúnmente, se considera que es la mujer la que debe acceder o permitir que se dé la relación sexual, como si únicamente el hombre pudiera tomar la iniciativa. Esto no es así, tanto ellos como nosotras tenemos la libertad de comenzar o proponer y aceptar o negarnos.

El SI puede convertirse en NO

Para que el consentimiento sea genuino no debe existir ningún tipo de coerción ni psicológica ni física. Por lo tanto, decir “sí” para evitar que nuestra pareja se moleste no es un consentimiento legítimo, pues de cierta manera, estamos siendo manipulados; tampoco lo es si accedemos a tener sexo mientras estamos bajo el influjo de sustancias como alcohol o drogas y, mucho menos, si recibimos amenazas o golpes.

Sí ya aceptaste tener relaciones sexuales, pero cambias de opinión en el último momento, tu pareja debe respetar tu decisión y detenerse.

Por supuesto, tú también deberás detenerte si tu pareja es quien cambia de opinión. Es importante que sepas que una violación se pueden dar, incluso, dentro de una relación de noviazgo o matrimonio, cuando una de las partes no respeta la decisión de la otra de no tener relaciones sexuales. Así que no permitas que se violenten los derechos sexuales, ni los tuyos ni los de otros.

El consentimiento sexual nos protege del malestar emocional y/o físico que puede causar tener sexo no deseado. Así mismo, favorece la comunicación, lo que posibilita que hablemos acerca de las prácticas que deseamos realizar (sexo vaginal, anal, oral, fingering, etc.) y los métodos de prevención (condón masculino o femenino, barreras de látex, pastillas, parche, etc.) que utilizaremos con la finalidad de evitar embarazos no deseados y protegernos de infecciones de transmisión sexual.

Ahora que ya lo sabes, ¡ve por sexo consensuado y que lo disfrutes!

¿Te ha pasado que luego de acordar un encuentro sexual te has arrepentido? ¿tu pareja ha respetado ese cambio? Compártenos tus experiencias o preguntas en nuestro Foro.

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